lunes, 12 de marzo de 2012

SANTA FINA o SERAFINA, Virgen



12 de marzo



SANTA FINA o SERAFINA,
Virgen
(1253)


El antiguo pueblo de San Geminiano, en Toscana, conserva con especial veneración la memoria de Santa Fina, una joven cuya causa de canonización se fundó en la perfecta resignación con que aceptó el sufrimiento corporal. Nació de padres que gozaron de tiempos mejores antes de caer en la pobreza. La niña era bonita y tenía una inclinación natural hacia la caridad. Pobre como era, siempre guardaba la mitad de su escaso alimento para darlo a aquellos más pobres que ella. Hasta donde fue posible, vivió como una ermitaña en su hogar, cosiendo e hilando durante el día, pero ocupando su tiempo de descanso y de sueño en la oración. Parece que su padre murió cuando ella era aún joven y, aproximadamente por esa época, Fina fue atacada por una complicada y repentina serie de males. Su cabeza, manos, ojos, pies y órganos internos se afectaron; sobrevino la parálisis, perdió sus atractivos y se convirt:ió en un objeto miserable. Con el deseo de ser como Nuestro Señor en la Cruz, permaneció en la misma postura durante seis años, sobre un tablón, sin moverse para nada. Sólo su madre vivía con ella y casi siempre estaba ausente, trabajando o pidiendo limosna para comer. A pesar de sus terribles sufrimientos, Fina nunca se quejó; permanecía inmóvil y serena; con sus ojos fijos en el crucifijo, repetía: "No son mis llagas las que me hieren. ¡Oh Cristo!, sino las tuyas".
   Un nuevo golpe cayó sobre ella. Su madre murió repentinamente y Fina quedó totalmente sola y en la miseria. Con excepción de su fiel amiga Beldia, nadie más la veía y únicamente dependía de las limosnas que ocasionalmente le daban los pobres vecinos, sin acercarse nunca a ella, a causa de sus llagas repugnantes.
   Fina había oído hablar de San Gregorio Magno y de sus sufrimientos, y tenía especial veneración por él. Solía orar para que él, que había sido probado tanto por las enfermedades, intercediera con Dios a fin de que ella tuviera paciencia en su aflicción. Ocho días antes de su muerte, cuando yacía sola como de costumbre, San Gregorio se le apareció y le dijo: "Querida niña, en mi festividad Dios te dará el descanso". Así sucedió: el 12 de marzo de 1253 murió Fina; los vecinos declararon que al levantar el cuerpo del tablón sobre el que había permanecido tanto tiempo, la madera podrida se encontró cubierta de violetas blancas. Toda la ciudad asistió al entierro y se afirma que se realizaron muchos milagros por su intercesión. Se cuenta de ella en particular, que estando ya muerta, levantó su mano y ciñendo el brazo lesionado de su amiga Beldia lo sanó. Los campesinos de San Geminiano aún llaman "flores de Santa Fina" a las violetas blancas que florecen  aproximadamente por la estación en la que se celebra su festividad.

   La historia de Santa Fina se conserva en la pequeña biografía escrita en latín por el dominico Juan de Geminiano, aproximadamente cincuenta años después de la muerte de la santa. Está impresa por los bolandistas en el Acta Sanctorum, marzo, vol. II. También hay un texto italiano contemporáneo que podría ser el original. Véase asimismo el Dictionary of Saintly Women de A. B. C. Dunbar, vol. I p. 317. El funeral de Santa Fina es el tema de uno de los más famosos cuadros de Ghirlandajo.

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